De la inercia, el cambio y el impulso necesario
Cuando oí la cita "las cosas son lo que son y no lo que parece que son" se abrió ante mí un mundo de posibilidades. Resulta que si hay unas normas estas se pueden interpretar al gusto del consumidor y como mínimo sabemos a qué atenernos si no nos gustan o no nos convienen.
Andaba pensando en lo que nos gusta y lo que no nos gusta de la gente con la que tratamos, especialmente de la gente a la que queremos, y me ha venido a la cabeza el topicazo de que cuando un hombre se casa lo hace con la esperanza de que su mujer no cambie y que en cambio la esperanza de ella es cambiar a su marido. A veces cuesta creer que queramos a alguien tal y como es, con sus defectos y todo, pero de un tiempo a esta parte estoy aprendiendo a hacerlo. Sí, intento cumplir mi parte del tópico y me siento orgulloso de ello.
La filosofía la he adaptado del concepto "easy" del mundo del surf y da bastante buen resultado. Si a ti te va bien y no hace daño a nadie a mi también me va bien. Esa es la inercia de la que hablo.
El problema viene cuando aparecen los cambios. Ya se sabe que estos pueden ser a mejor, a peor o aquello tan curioso que dice "que algo cambie para que todo siga igual", y que pueden ser por la propia evolución de la persona o inducidos por llamémoslo el entorno. Que te los imponen, vamos. ¿Dónde está el límite? Porque claro, una cosa es que cambien detalles y la otra es que cambie la esencia de las cosas. Supongo que cada uno tiene su límite y que cuando empieza a no ser él mismo es cuando se debe plantar, pero ¿qué pasa cuando no sabes dónde tienes el límite? Seguro que muchos piensan que su límite lo tienen muy claro, pero no es así en todos los casos.
Que críptico, ¿no? Pues eso, que para ir de un sitio a otro es recomendable saber de dónde se sale y a dónde queremos llegar, o lo que es lo mismo cuáles son los límites que nos definen y qué nos hace dejar de ser nosotros mismos.
Por eso el hecho de haber puesto una coraza para tantas cosas en la vida me ha hecho perder el rumbo. Mea culpa. A veces tengo "bocados de realidad" como en la peli y parece que me centro, pero duran milisegundos y cuando pierdo el enfoque ya no soy capaz de retener el hilo, ni con los sueños lúcidos lo hago peor. Así que después de dejar aquel libro donde ordenaba las prioridades de mi vida me dedico a intentar buscar el sentido de la vida a ratos perdidos. Total, que siempre encuentro excusas para no pensar en ello y dejarme llevar mientras cada día queda uno menos para intentarlo.



